El último que llega paga.

Yo sé que alguna vez te has preguntado el porqué de tus desgracias. 

Y te habrá dado la sensación que más que venir a disfrutar de la vida, estás viviendo una segunda versión de 300 o un show de Truman algo más negro.  

Los optimistas, montados en su unicornio de colores, te contestarán: es porque dios le da grandes batallas a sus mejores guerreros. 

Mientras tú piensas, con un tic nervioso en el ojo derecho y la vena del cuello in crescendo: 

¿Esto es un chiste no? Decidme cuando tengo que reírme, porque no lo estoy pillando. 

A mí, esto de las batallas me parece algo pasado de moda. Está descontextualizado. 

Cuando te levantas y te vas a la calle, ¿te encuentras acaso guerreros espartanos con su escudo, sus túnicas de color carmesí, descalzos y con poca prenda?

SI es así, dime donde vives, hazme el favo´ y sé altruista. 

Pero no suele serlo. 

Lo que sueles hacer cuando te levantas es entrar en el banco online a ver si ya te han cobrado el recibo de luz este mes.

No reflexionas sobre espartanos, ni en túnicas rojas (o quizás si 😉).

Aunque rojo si lo ves todo, números rojos.

Pues fíjate, la vida es cómo vivir constantemente en números rojos.

Saldo negativo.

Deuda. 

Para mí la vida es como una tarjeta de crédito. 

Y No es que estés gafad@ es que el juego humano funciona de este modo, y tú te pasaste de optimista firmando contratos de banco.

SI,  firmaste algunos contratos cuando te habías venido arriba. Sin consultarlo con el abogado.

Dime la verdad ¿Te habías drogado? 🤔

Sé que algunas veces ya te ha pasado por la mente. 

No me refiero a lo de drogarse, ¿vale?

Si no a que aceptaste mucha deuda, escogiste demasiadas lecciones.

Ahí si te creíste un poco lo de:

¡espartanos! auuuu auuuuu auuuuu. 💪🏻

 Y ahora, ¿qué? ¿Dónde está el ejército de Esparta?

Antes de tu llegada: 

Digamos que en ese momento en el que aún eras “un proyecto en formación”, aún se estaba “aterrizando la idea” (😏), previo a tu nacimiento e incluso algo antes de tu concepción,  entraste en el gran salón de esta boda gitana llamada realidad humana para buscar la mesa de tu familia. 

Entremos en contexto. 

Te encuentras con el segurata , un guaperas de turno que le mola más el pinganillo del oído que un tonto un lápiz, y te para en la entrada:

-¿Familia Ibañez?, pregunta él. 

-SI. -C* aquí son famosos.- piensas. 

-La cuenta de esta familia está en 5.745 vivencias no resueltas. Debe abonar un porcentaje mínimo.  

-¿Cómo?😶 Pero si ni siquiera he entrado. (ahora entiendes por qué los conoce tanto)

-Ya. Sin embargo su familia le da oportunidad de identidad y lugar en el mundo. Si no, váyase usted a otra realidad. Pero en la humana es esta. Si quiere ser un gato, vaya a la sala número 4. 👉🏻

(En este momento ya sabes por qué le has dicho tantas veces al gato que te gustaría ser él. Era un simple deja vú de este instante). 

Y prosigue el armario empotrado:

-Para reclamaciones, la ventanilla 111 con un horario de las…

-Vale, ¿cuánto es el mínimo? (Interrumpes porque la voz robótica del segurata ya te ha hecho entrar en modo: que si, que si, que pago, cállate 🤯)

-Por entrar, serían unas 3. 

-¿Pero con qué pago? SI aún no he vivido nada. 

-Ah, no se preocupe (te habla de usted, porque el segurata, ante todo, es muy educado), es una deuda, su saldo será negativo y lo deberá abonar de vuelta durante su vida humana.  Adelante.

Cuando llegas, te encuentras el panorama. 

Esto es como el juego de las sillas pero en una versión algo más trambólica. 🪑

Te sientas donde puedes, no donde quieres. 

A ver si tú te pensabas que los asientos llevaban nombres y que tenías uno dedicado única y exclusivamente a ti.  

Nop.

Aquí hay vacantes limitadas señores y señoras. 

Aforo completo. 

Entra uno y sale otro. Como en los pubs de ahora.

Vamos, que fluya. 

Dentro y fuera, mete y saca. 

*Otras similitudes con la vida misma es pura coincidencia*

Y tú, llegas a la mesa.

Y ahí donde hay hueco, voy y me meto, porque lo que quieres es sentarte en la mesa. 

Ya venga lo que venga después, lo hablamos con calma con el culo caliente. 

Caliente de palmadas y no suaves. 😂

¿Cuáles? ¿Dónde? ¿Qué ha pasado? Ya van 3 y acabas de entrar. 💥

Que no sabes dónde te has metido, muchach@.  

Eso pasa. 

Te acercas a la mesa.

Se levanta una mujer mayor, Mariana (pone una etiqueta en su frente). 

Piensas que se le ha ido la pinza a la pobre mujer con el tema de la etiqueta
¿Hay que llevar etiquetas en la frente?, ¿enserio?

Se ve que sí. 

El nombre es MUY importante. ⚠️

Te coge la manita y te dice que si quieres sentarte. 

Obvio que sí. Para eso vienes ¿no?

Pues nada, que si le sujetas el bolso que quiere ir al baño. 👜

Claro que sí, modales ante todo señora. 

Que puedes sentarte en su lugar mientras esperas a que se vacíe una silla. 

Okey…. 

Vaya en paz.

Nunca mejor dicho.

Mariana nunca volvió. 

Salió de la sala. 

Salió de la boda gitana. 

Tú te quedaste con el bolso.
Con lo que había dentro: 237 vivencias no resueltas a tu cuenta. Toma ya. 

A esto se le llama:

Quien se va a Sevilla pierde su silla. 

Hablando de sillas. Resulta que en la que te has sentado hay una etiqueta que pone: primogénita. 🥇

¿Pero qué pasa aquí? ¿No hemos superado aún la jerarquía de hermanos de tiempos feudales?

Se ve que no.  

122 vivencias más por sentarte en la silla de la primogénita. 

Vámonos. 

Y suma y sigue. 

Cada movimiento en la mesa te suma a la cuenta pendiente. 

Ninguno de los movimientos es aleatorio.

Y eso que te acabas de sentar y aún no has comido nada. 🍽

Hay una matemática de comensales humana. (suena algo caníbal, ¿no?).

Mejor dicho: un protocolo sobre “cómo servir la mesa”. 


Al igual que tu banco te pone ciertas “limitaciones” con sus pagos y cobros, cada movimiento que haces en la mesa, repercute en tu cuenta de vivencias no resueltas o lo que en las religiones dhármicas llaman KARMA. 

Pero esto no es por maldad, crueldad o castigo. 

Es simplemente un juego. 

El objetivo final es terminar de pagar la cuenta de la mesa. 

Para que todos podamos levantarnos a la vez e irnos. 

Hacer un “sin pa” aquí, no está permitido. 🏃🏻‍♀️

Así que nos vamos turnando para “fregar platos”

Para poder seguir sentados en la mesa e ir pagando despacito. 

Y, por supuesto, hasta por entrar en la sala te cobran. 💰

Para los que se quejan del capitalismo. 

Yo lo que quiero es explicarte todos estos protocolos de banquetes humanos, donde vuelan traumas y ruedan vivencias en un orden jerárquico. 

No es una lotería. 

No es un bingo.

Es un caos superordenado. 

Y como me gusta mucho el orden, te voy a ir dando los protocolos humanos de “solidaridad familiar” de a poquito, para que no te atragantes en el banquete, si es que llegas a comer algo. 

Nos vemos en mis redes. 

Sígueme en Instagram, Facebook y/o Youtube y te voy contando sobre ello. 

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4 comentarios

  1. Que está ocurriendo si desde los primeros años de vida, te preguntas ¿y que c* hago aquí?.
    Oportunidad tras oportunidad decides cortar todo vínculo familiar-biológico y desde ese instante “tachaaaan“ mi vida, yo y mi entorno son otro rollo (mucho más sano y positivo)
    Milagros a Lourdes… ya eso pensé yo pero; habré pasado la prueba (cuenta pendiente)?
    ¿Como identificar cuanto restarle o compensar a mi saldo en negativo si así es?
    Gracias Marga por tus puntos de vista e ideas. Llegan a ser muy útiles! 😘😘

  2. En qué momento te he contado mi vida? Estoy de acuerdo…en casi todo porque lo del karma no me mola. Me apesta a «pagar por los pecados». Sorry. Estoy muy cansada de «para qués». No sé si me explico.
    Mi vida es una mierda «como el sombrero de un picador». Desde pequeña. Y juro sobre un Mortadelo y Filemón, que no soy victimista (solo lo justo y necesario). No culpo a nadi@. A mí, eso sí, algunas importantes cosas. Y lo asumo. A lo más que he llegado, tras una vida de búsqueda (tengo 62) es a no luchar contra cada pedrusco que me cae: después de un par de días de lamerme las heridas (estoy en mi derecho), me «entrego» pacíficamente y …a comer más muerda en el banquete.
    Te sigo leyendo con interés.

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